Éramos seis tertulianos
en espera de la entrada
de la noventa y seis punto dos
de frecuencia modulada.
Rige Hipólito Martínez,
moderador de gran talla,
que saluda a los oyentes
y nos presenta con gracia:
Pepe Ginés Nicolás
(creo que un nombre me falta)
un restaurador que ejerce
de chef de la Gran Muralla
del sin par Rincón de Pepe,
y nos habla de las viandas
que presentan sus menús
en platos de filigrana.
Son ya noventa los años
que sus cocinas arrastran
llevando el nombre de Murcia
allende de nuestra España.
Interviene Castellar
(Andrés, sin más, se llamaba)
comentándonos que actúa
de nuevo jefe de sala
y nos ensalza el Rincón
de esta Murcia resalada.
Entre dulces, queso y vinos,
y recetas de vanguardia,
que harían las delicias
del paladar de una estatua,
Juan Acebal, el poeta,
hombre de sabia palabra,
rimas pone a la comida
y da culto a la pescada,
recitándole una oda
a la pieza deseada
con todos los ingredientes
de sus sílabas contadas.
Don Hipólito Romero,
coordinador de la página,
me presenta a los demás
como poetisa cercana
y leo algunos poemas
con más inquietud que calma.
Me felicitan, me aplauden...
y yo, más ancha que larga
por haber podido hacer
aquello que más me agrada.
Acaba mi amigo Hipólito
recitando una alabanza
al puente de Los Peligros
y a su Virgen Soberana,
poniéndole el broche de oro
a una tertulia fantástica.
Y como olvidar no quiero
esta reunión tan simpática,
con este humilde romance
os doy, de verdad, las gracias,
y lo guardo para siempre
en lo hondo de mi alma.
Lucía Abadía Giménez (09/10/2015)